6/27/2008

Manresa, my kind of town

Fa uns dies que estic desaparegut, doncs estava de minivacances de Sant Joan a Estonia, però tornant-me a posar davant de la pantalla volia comentar un parell de coses. En primer lloc que per qui no s'hagi assabentat (i referent al post anterior), s'ha aconseguit el record de descarregues de Firefox (visca!). En un altre ordre de coses vull comentar quelcom que he llegit al bloc made in Xina Gall de Ferro i que ha extret del diari El Mundo. L'article que reproduiré aquí sota, parla de la meva ciutat, Manresa, en les hores prèvies al partit de l'Eurocopa d'Itàlia contra Espanya, i com diria el meu admirat Frank Sinatra (ell ho diu pel que fa a Chicago), Manresa és el meu tipus de ciutat.

Espectadores indiferentes ante el partido en una terraza de Manresa. (Foto: Rudy)

Indiferencia y resignación en Manresa

Actualizado lunes 23/06/2008 09:32 (CET)
GERMÁN ARANDA

BARCELONA.- Pese a las caras de decepción resignada por la victoria de España de muchos clientes catalanistas al salir de algunas tabernas de Manresa, algunos petardos esporádicos irrumpen en la normalidad de la ciudad, impropia de una noche de fútbol de altos vuelos.

Las calles están llenas toda la tarde en Manresa, cuna del nacionalismo catalán, 64 kilómetros al noroeste de Barcelona. Se respira el ambiente de un domingo veraniego en las terrazas rebosantes desde primera hora de la tarde. A las 20.45 horas, a priori, todo tiene que cambiar. ¿Todos a casa y a los bares a ver España? Ni una camiseta de la roja anuncia noche grande de Eurocopa, de vendetta contra Italia. Llega la hora y las calles siguen llenas, las jovencitas apuran sus helados y los ancianos del lugar continúan sus tertulias, sus partidas de domino.

¿Dónde están los bares llenos para la ocasión, vestidos de España con motivo de los cuartos de final? Sí, está la peña sevillista de Manresa y un doner kebab donde decenas de magrebíes siguen atentamente el partido. Por lo demás, indiferencia.

En el bar L’Havana, hervidero de nacionalistas apasionados cuando juega el Barça o la selección de Cataluña, predomina un tono sarcástico en la decena de jóvenes que censuran casi todos los comentarios de los narradores del partido y especulan con el final más cruel para España. Con largas melenas, barbas de días y camisetas con proclamas en vasco y catalán, reconocen que apoyan a Italia y que incluso sus amigos más futboleros pasan del partido de hoy.

En la Taverna dels Predicadors el interés es más calmado, menos radical. Pero, aun así, se oyen aplausos en las primeras llegadas de Italia. En un grupo de cuatro adolescentes, sólo un castellanohablante se muerde las uñas. Sus amigos se burlan de él, uno de ellos con un polo de la azzurra, y aunque más relajados vibran más con las acometidas de Luca Toni. Pero él aguanta: «Aquí, o se apoya a España o a nadie», y el resto sonríe. Cuando llega la ruleta rusa de los once metros, las burlas suben de tono. «Que pierdan fallando el último penalti, que j… más», comentan en la sala, mientras uno de los chicos ríe ante el plano de Su Majestad el Rey. «Mira, aquí tenemos a nuestro Jefe…». Y las carcajadas retumban.


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Manresa, my kind of town

Fa uns dies que estic desaparegut, doncs estava de minivacances de Sant Joan a Estonia, però tornant-me a posar davant de la pantalla volia comentar un parell de coses. En primer lloc que per qui no s'hagi assabentat (i referent al post anterior), s'ha aconseguit el record de descarregues de Firefox (visca!). En un altre ordre de coses vull comentar quelcom que he llegit al bloc made in Xina Gall de Ferro i que ha extret del diari El Mundo. L'article que reproduiré aquí sota, parla de la meva ciutat, Manresa, en les hores prèvies al partit de l'Eurocopa d'Itàlia contra Espanya, i com diria el meu admirat Frank Sinatra (ell ho diu pel que fa a Chicago), Manresa és el meu tipus de ciutat.

Espectadores indiferentes ante el partido en una terraza de Manresa. (Foto: Rudy)

Indiferencia y resignación en Manresa

Actualizado lunes 23/06/2008 09:32 (CET)
GERMÁN ARANDA

BARCELONA.- Pese a las caras de decepción resignada por la victoria de España de muchos clientes catalanistas al salir de algunas tabernas de Manresa, algunos petardos esporádicos irrumpen en la normalidad de la ciudad, impropia de una noche de fútbol de altos vuelos.

Las calles están llenas toda la tarde en Manresa, cuna del nacionalismo catalán, 64 kilómetros al noroeste de Barcelona. Se respira el ambiente de un domingo veraniego en las terrazas rebosantes desde primera hora de la tarde. A las 20.45 horas, a priori, todo tiene que cambiar. ¿Todos a casa y a los bares a ver España? Ni una camiseta de la roja anuncia noche grande de Eurocopa, de vendetta contra Italia. Llega la hora y las calles siguen llenas, las jovencitas apuran sus helados y los ancianos del lugar continúan sus tertulias, sus partidas de domino.

¿Dónde están los bares llenos para la ocasión, vestidos de España con motivo de los cuartos de final? Sí, está la peña sevillista de Manresa y un doner kebab donde decenas de magrebíes siguen atentamente el partido. Por lo demás, indiferencia.

En el bar L’Havana, hervidero de nacionalistas apasionados cuando juega el Barça o la selección de Cataluña, predomina un tono sarcástico en la decena de jóvenes que censuran casi todos los comentarios de los narradores del partido y especulan con el final más cruel para España. Con largas melenas, barbas de días y camisetas con proclamas en vasco y catalán, reconocen que apoyan a Italia y que incluso sus amigos más futboleros pasan del partido de hoy.

En la Taverna dels Predicadors el interés es más calmado, menos radical. Pero, aun así, se oyen aplausos en las primeras llegadas de Italia. En un grupo de cuatro adolescentes, sólo un castellanohablante se muerde las uñas. Sus amigos se burlan de él, uno de ellos con un polo de la azzurra, y aunque más relajados vibran más con las acometidas de Luca Toni. Pero él aguanta: «Aquí, o se apoya a España o a nadie», y el resto sonríe. Cuando llega la ruleta rusa de los once metros, las burlas suben de tono. «Que pierdan fallando el último penalti, que j… más», comentan en la sala, mientras uno de los chicos ríe ante el plano de Su Majestad el Rey. «Mira, aquí tenemos a nuestro Jefe…». Y las carcajadas retumban.


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